Ismaray, camarera en España: "En Cuba era médica y aquí estoy trabajando 8 horas de pie por 1.400 euros"

2026-10-31 09:26:16 - MUNDO

Ismaray era médica en Cuba, pero desde que llegó a España hace ocho meses trabaja detrás de la barra de una cafetería.Su día a día ha cambiado por completo: ahora prepara cafés, aprende las combinaciones de ingredientes de las hamburguesas y atiende los pedidos de los clientes mientras espera poder volver a ejercer la profesión para la que se formó durante años.

Como ella, miles de migrantes llegan cada año a España con una formación y una trayectoria profesional que, en muchos casos, no pueden continuar al instalarse en el país. La falta de homologación de los títulos, los trámites administrativos y la necesidad de encontrar un empleo obliga a muchos a aceptar trabajos alejados de su preparación y posponer sus aspiraciones profesionales mientras construyen una nueva vida.

Esta teoría, en realidad, estaba clara en la cabeza de Ismaray y cuando llegó, lo primero que hizo fue buscar trabajo a través de aplicaciones, lejos de lo que ella había estudiado en su país de origen. Una de las pocas ofertas que le llegaron fue para limpiar casas; sin embargo, no podía incorporarse de inmediato y necesitaba empezar a trabajar cuanto antes.

Por eso, la cubana decidió imprimir su currículum y recorrer cafeterías para entregarlo en persona, algo que, según reconoce, le daba mucha vergüenza porque nunca antes había tenido que buscar empleo de esa manera. Una primera vez que tuvo su recompensa, ya que fue así como consiguió su actual trabajo.

La incorporación de Ismaray a la hostelería supuso enfrentarse a un trabajo completamente nuevo para ella. Sin experiencia en el sector, tuvo que aprender desde el principio no solo el funcionamiento de una cafetería, sino también las dinámicas y exigencias del entorno laboral en España, muy distintas de las que conocía en Cuba.

El primer día ya le permitió hacerse una idea del ritmo que tendría que seguir. Salió de casa a las 6:30 de la mañana para llegar en autobús, aunquetuvo que regresar porque la camiseta que llevaba no cumplía con el uniforme exigido: tenía que ser negra y la suya era marrón oscuro.

Después de cambiarse y volver al establecimiento, comenzó una jornada de ocho horas en la que apenas tuvo tiempo para descansar, comenzó a las 8:30 y terminó a las 16:30. Durante esas ocho horas, apenas pudo descansar: según relata, no llegó a sentarse ni cinco minutos y tampoco tuvo tiempo para almorzar o merendar.

El ritmo de la cafetería tampoco le dio demasiado margen para adaptarse poco a poco.Tenía que atender nueve mesas en la terraza y otras tres en el interior, mantener el establecimiento limpio y dejarlo recogido al finalizar el turno.

Todo ello mientras aprendía una carta con numerosas variedades de café y hamburguesas, cada una con sus propios ingredientes y salsas.

Entre las primeras cosas que tuvo que aprender estuvo el uso de la plancha. En Cuba apenas conocía este aparato para tostar pan, pero en la cafetería se utiliza para preparar buena parte de los alimentos, desde las carnes hasta los panes de las hamburguesas.

También tuvo que familiarizarse con las cafeteras profesionales y aprender a preparar distintas bebidas, como cortados, cafés con leche o barraquitos.

Al terminar la jornada, el cansancio era tal que acabó tomando un zumo y comiendo un bizcocho en el autobús de vuelta a casa. Aquel primer día le sirvió para comprobar las exigencias físicas de un trabajo al que nunca antes se había dedicado y al que ahora se enfrenta con una rutina muy distinta de la que conocía en Cuba.

Poco a poco, Ismaray fue adaptándose a las tareas y al ritmo del establecimiento. Finalmente, consiguió un contrato indefinido a jornada completa, una condición importante para poder alquilar una vivienda y seguir avanzando en los trámites necesarios para asentarse en España.

Actualmente, Ismaray trabaja en turnos partidos,de 10:30 a 14:30 y de 18:30 a 22:30. Aunque la jornada suma ocho horas, la pausa de cuatro horas entre ambos turnos hace que tenga que pasar buena parte del día pendiente del trabajo.

A ello se suma el tiempo que necesita para desplazarse, ya que vive aproximadamente a una hora de la cafetería y utiliza el tranvía para llegar.

El esfuerzo físico continúa siendo una de las partes más difíciles de esta rutina. Al principio, pasar tantas horas de pie le provocaba fuertes dolores en los pies yllegó incluso a acudir al trabajo durante una crisis de sacrolumbalgia, que afecta a la zona lumbar.

También ha tenido que adaptarse a las normas de la empresa. En Cuba había trabajado siempre en el sector estatal y, según explica, contaba con más flexibilidad para salir un momento y resolver alguna gestión personal.

En España, en cambio, firmó unas normas que regulan de forma estricta el comportamiento durante la jornada. No puede utilizar el teléfono móvil, salvo en caso de emergencia personal o cuando lo necesita por motivos laborales, y tampoco puede sentarse durante las ocho horas del turno, aunque no haya clientes en el establecimiento.

En cuanto al sueldo, Ismaray ha mostrado en uno de sus vídeos la nómina correspondiente al mes de junio, en la que figura un salario neto de 1.432,49 euros. Según cuenta, suele cobrar una cantidad similar cada mes, a la que se añaden las propinas que dejan los clientes.

Sin embargo, estas apenas representan un complemento, ya que los pedidos se hacen en la barra y son los propios clientes quienes recogen allí la comida y las bebidas.

Las propinas, cuando hay, se guardan en un bote común y se reparten cada sábado entre los cuatro trabajadores.

Ismaray calcula que suele recibir entre cinco y catorce euros semanales, aunque en una ocasión llegó a llevarse 17 euros. Una cantidad que apenas cambia sus ingresos mensuales, pero que se suma al sueldo que le permite mantenerse mientras intenta abrirse camino en España.

Aun así, trabajar en la cafetería no ha hecho que se olvide de la medicina. Su intención sigue siendo volver a ejercer la profesión para la que estudió en Cuba, aunque antes necesita homologar su título para que su formación sea reconocida en España.

Hasta que llegue ese momento, Ismaray continúa trabajando en la hostelería y compaginando sus obligaciones con la adaptación de su familia a su nueva vida. Ha tenido que empezar de nuevo en un oficio distinto y acostumbrarse a unas condiciones que no esperaba, pero mantiene la esperanza de volver algún día a trabajar como médica.

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