En México, trabajar no alcanza para salir de la pobreza

2026-11-02 17:15:16 - MUNDO

Varias generaciones se formaron con la idea de que, para dejar de ser pobres, hay que trabajar mucho. Es un buen consejo de abuelos y padres, pero lamentablemente para millones de familias no ha sido posible.

Y no es que hayan estado equivocados, lo que pasa es que en México existe una paradoja absurda en el sistema laboral: la pobreza se crea, en gran medida, desde el mundo del trabajo.

Entonces ¿qué pasa? Si el trabajo debe de ser la puerta de salida de la pobreza ¿por qué no siempre funciona para todos?

Resulta que millones de empleos carecen de ingreso suficiente para superar la línea de pobreza y, además, no tienen acceso al seguro social, con los servicios de salud y otras protecciones que, al no estar incluidas en sus "prestaciones" laborales, producen gastos y riesgo de empobrecimiento, por ejemplo, cuando la persona enferma y no puede trabajar.

Detalles de esta realidad se pueden conocer en el reporte de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza Cortar la raíz laboral de la pobreza, datos duros, lecciones de la experiencia reciente y perspectivas para avanzar.

Tomando en cuenta la Medición Multidimensional de la Pobreza del INEGI de 2016, y la Encuesta Intercensal 2025, se observa que la pobreza se redujo del 43 al 30 % de la población, pero simultáneamente aumentó la población con carencias sociales de 25 a 32 %.

(Acción Ciudadana)

Tan solo la carencia por acceso a la salud creció en dicho periodo de 16 a 34%, y la carencia por acceso al seguro social sigue siendo la más alta: 48%.

El avance en la reducción de la pobreza es innegable y proviene directamente del trabajo. En ese periodo el ingreso laboral per cápita creció 22 % en promedio.

Lo relevante es que este aumento fue más intenso en los deciles de menores ingresos: 68 % en el decil I; 47 en el II; 40 en el III; y 37 % en el IV.

Es decir, la reducción de la pobreza se explica, en buena medida, por un incremento del ingreso por trabajo que benefició proporcionalmente más a quienes menos tienen.

Sin embargo, este logro es frágil e insuficiente, pues incluso con ese crecimiento, el ingreso laboral de la mitad de la población sigue por debajo del umbral de pobreza.

Por ejemplo, veamos el decil V, donde el ingreso promedio por persona es de 3,965 pesos al mes, mientras que la canasta básica urbana —que define ese umbral— costaba 4,565 pesos, en ese mismo periodo.

(Acción Ciudadana)

En otras palabras: para la mitad de los mexicanos, trabajar no alcanza para salir de la pobreza.

Por eso resulta relevante continuar la recuperación cuidada, diferenciada y gradual del salario mínimo, pues ha sido uno de los pocos instrumentos que ha dado resultados sociales y económicos favorables.

Además, hay otro factor que se debe analizar con atención: la calidad de los trabajos, principalmente los que están excluidos de la seguridad social y el acceso a servicios públicos de salud.

La magnitud de esta exclusión es alarmante: 38 millones de personas ocupadas carecían de acceso directo a la salud por su trabajo, vía el seguro social, según la medición de pobreza (2024).

En 2024, 35.5 millones de personas que tenían un empleo no accedían a servicios de salud por su trabajo. Actualmente son 35.9 millones; de ellas, 33 millones están catalogadas como trabajos "informales".

(Acción Ciudadana)

La mal llamada informalidad está formada, en su gran mayoría, por actividades económicas de subsistencia. Son personas que, ante la falta de empleos de calidad, salen a ganarse la vida en trabajos por cuenta propia o en micronegocios.

Por eso hay que tener claro que el problema de la llamada "informalidad" no es fiscal ni productivo: su verdadera naturaleza es la exclusión de la protección social. El modelo de seguro social creado en México protege al empleo formal, no a las personas que trabajan. Excluye y segmenta el acceso a la salud, al cuidado y al ingreso y genera otros efectos negativos, que incumplen con el derecho humano a la salud.

Por tanto, hay que aprender de las lecciones, confundir la informalidad con una decisión de ventaja competitiva para evadir impuestos es un grave error. Para el 80 % de la informalidad que en realidad es una economía de subsistencia lo que se requiere es un régimen subsidiado de acceso a la salud y a otros componentes de la seguridad social.

La otra vertiente tiene que ver con la exclusión laboral de las mujeres y las personas jóvenes: el ingreso laboral de los hogares puede crecer con la inclusión económica y productiva de mujeres que así lo decidan, entre las 14.3 millones que hoy no pueden buscar trabajo porque realizan labores de cuidado en su hogar sin remuneración, así como la incorporación productiva de 14.9 millones de jóvenes que hoy están sin trabajo, en trabajos precarios o en situación de pobreza, y que no cuentan con estudios universitarios.

Erradicar la raíz laboral de la pobreza es posible. La experiencia de años recientes ha mostrado que es viable y orienta sobre qué se debe reforzar y qué se debe corregir. Aún en el contexto global y nacional convulso y de incertidumbre, México puede conciliar el trabajo digno con el desarrollo económico y potenciarlos mutuamente.

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza ha planteado cinco lecciones para poner atención, con el propósito de emprender acciones y estrategias que permitan superar los obstáculos y así avanzar hacia trabajos que garanticen a las personas vivir con dignidad.

La reducción de la pobreza es resultado directo del incremento del ingreso laboral, pero sigue siendo insuficiente para la mitad de la población.

La reducción de la pobreza no transforma una falla estructural: el acceso a la salud y al seguro social siguen condicionados al tipo de trabajo. El reto de la mal llamada informalidad laboral no es fiscal ni productivo: es la exclusión de la protección social.

Las transferencias monetarias de programas gubernamentales han crecido mucho, pero su impacto en pobreza sigue siendo mínimo.

La pobreza en el sur-sureste del país sigue siendo muy alta, y eso no es un accidente geográfico: es el resultado de un sistema económico y laboral que excluye y genera trabajo precario.

La pobreza se redujo, pero se ensaña y es mayor en las etapas que definen la vida: la primera infancia y la juventud.

Tomando en cuenta estas lecciones, es imprescindible hacia el futuro inmediato: 1) sostener la recuperación del salario mínimo; 2) aligerar la carga fiscal y las contribuciones de los salarios bajos y del trabajo por cuenta propia; 3) concretar la construcción de un sistema de cuidados que facilite la incorporación laboral remunerada de mujeres; 4) incorporar a las personas jóvenes sin estudios universitarios a trabajos de calidad; y 5) multiplicar las empresas comunitarias, principalmente en zonas indígenas y rurales.

México no tiene un problema de diagnóstico, sino de decisiones. Por eso consideramos que las perspectivas que se plantean apuntan hacia la misma dirección: hacer que el trabajo vuelva a ser la puerta de salida de la pobreza, no su fábrica.♦

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